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La arquitectura está evolucionando. Cada vez más, comprendemos que los espacios no solo se habitan: se sienten, se viven y transforman nuestras emociones. En ese cruce entre la ciencia y el diseño nace el GEP NeuroArq (Grupo de Estudos e Pesquisas em Neurociências e Arquitetura), una comunidad interdisciplinaria y sin fines de lucro que investiga cómo el entorno construido influye en nuestro comportamiento, bienestar y salud mental.
El GEP NeuroArq reúne a arquitectos, diseñadores, psicólogos, neurocientíficos y otros profesionales de distintas áreas que comparten una misma visión: acercar la neurociencia a la práctica del diseño arquitectónico. Desde su fundación, el grupo ha promovido seminarios internacionales, encuentros académicos y espacios de intercambio que abordan temas como la percepción sensorial, la respuesta emocional a los espacios, y la capacidad del entorno para regular nuestros estados de ánimo.
Más que un grupo de investigación, el GEP es un movimiento que impulsa una arquitectura más humana, sensible y consciente, donde cada decisión de diseño —la luz, el color, la forma, la textura, la escala— se convierte en un estímulo que dialoga con el cerebro y el corazón de quienes habitan los espacios.
Embajadora de GEP NeuroArq en Nicaragua
Tengo el honor de ser Embajadora del GEP NeuroArq en Nicaragua, una responsabilidad que asumo con entusiasmo y propósito. Representar esta iniciativa en mi país me permite conectar la investigación científica con la práctica profesional, abriendo caminos para que la neuroarquitectura inspire nuevas formas de diseñar, enseñar y habitar los espacios.
Mi misión como embajadora es fomentar la reflexión y el diálogo sobre el impacto emocional del entorno, integrar a más profesionales nicaragüenses en este movimiento y fortalecer la presencia del GEP NeuroArq en nuestra región. Creo firmemente que el diseño puede ser una herramienta de bienestar y transformación, y que los espacios bien concebidos tienen el poder de sanar, motivar y reconectar a las personas con lo esencial.
Durante mi reciente participación en el Grupo de Estudios del GEP NeuroArq, realice una presentación del análisis de dos artículos científicos que exploran la relación entre el ambiente y el bienestar humano, abordando como los espacios físicos son capaces de modificar nuestras emociones, influir en el comportamiento y trasformar nuestra experiencia cotidiana. Esta reflexión profundiza en la idea de que la arquitectura no solo da forma al espacio, sino también a la manera en que pensamos, sentimos y habitamos el mundo y la responsabilidad que tenemos como profesionales del diseño al crear entornos que influyen directamente en la calidad de vida de las personas.
A continuación te presento mis highlights del análisis de ambos artículos.
El ambiente como lenguaje
El espacio tiene voz.
Nos habla a través de la luz, de las proporciones, de los materiales y de la intención de quien lo proyecta.
Cada textura, cada sombra, cada color es un mensaje emocional.
El ambiente es, en sí mismo, un lenguaje vivo, y su influencia va mucho más allá de la estética: regula cómo nos sentimos, cómo pensamos y cómo nos relacionamos con los demás.
Cuando el diseño se planifica con sensibilidad, el ambiente se convierte en una herramienta de bienestar.
La luz natural, las proporciones equilibradas y las texturas cálidas despiertan calma, seguridad y alegría.
Así, el espacio deja de ser un simple escenario para convertirse en un sistema vivo que acompaña y moldea la experiencia humana.
Arquitectura y salud emocional
En el marco del GEP NeuroArq, seleccioné dos artículos científicos de las investigadoras: María Luisa Trindade Bestetti (2014), y el artículo de Mariana Villela y Luciane Bins Ely (2021) . Ambos artículos han demostrado que el entorno tiene un impacto directo sobre nuestras emociones y nuestra salud.
Bestetti aborda el diseño desde la gerontología ambiental, explorando cómo los espacios pueden favorecer el envejecimiento activo, la autonomía y la inclusión.
Villela y Bins Ely aplican los mismos principios en entornos terapéuticos, mostrando que el ambiente puede ser una herramienta de sanación emocional y física.
Ambas perspectivas se complementan en una misma visión: la arquitectura humanizada como forma de cuidado.
Diseñar, en este contexto, es cuidar del otro.
Es pensar en cómo cada decisión —una ventana, un color, un material— puede generar confianza, inspiración o serenidad.
Un entorno que comunica y transforma
El ambiente nunca es neutro.
Nos comunica emociones constantemente, incluso sin palabras.
Un entorno armónico promueve calma, enfoque y bienestar; uno desordenado o mal diseñado puede generar tensión y fatiga.
Como explica Bestetti, el ambiente es un fenómeno multisensorial que involucra la vista, el tacto, el olfato, el sonido y la memoria afectiva.
Proyectar, entonces, es orquestar los sentidos para crear experiencias humanas.
Desde la perspectiva de la neurociencia aplicada al diseño, sabemos que los ambientes positivos activan regiones del cerebro asociadas con la alegría, la resiliencia y la tranquilidad.
Diseñar un espacio es también diseñar un estado mental.
El diseño como acto de empatía
Tanto Bestetti como Villela y Bins Ely coinciden en cuatro principios fundamentales:
En palabras simples: proyectar es un acto de empatía y de responsabilidad.
Cada ambiente que diseñamos puede contribuir a la salud emocional, a la productividad o al bienestar general de quienes lo habitan.
Aplicaciones reales y medibles
Los efectos del ambiente no son abstractos: son reales y medibles.
Estudios demuestran que los espacios con luz natural reducen el estrés hasta en un 25%, los ambientes bien ventilados mejoran la productividad en un 15%, y los hospitales humanizados aceleran la recuperación de pacientes en un 30%.
Incluso, las personas que habitan entornos acogedores reportan hasta un 40% más de bienestar emocional.
Estos datos confirman algo que la intuición humana ya sabía: la arquitectura puede transformar vidas.
Consideraciones Finales
Concluimos que el concepto de ambientación es esencial para comprender la arquitectura contemporánea y el papel transformador de los espacios. La ambientación va más allá del diseño o la funcionalidad; representa la integración entre cuerpo, mente y espacio, entre razón y emoción, entre estética y cuidado.
Conciencia Sensorial
Diseñar prestando atención a los estímulos que el entorno ofrece a los sentidos humanos
Impacto Emocional
Reconocer que cada entorno puede afectar profundamente el bienestar de las personas
Aplicación Universal
Válido para hogares, oficinas, escuelas, hospitales y todos los espacios que habitamos
Salud Integral
Espacios bien pensados promueven la salud emocional, social y espiritual
Nos invitan al equilibrio, a la empatía y a la conexión con el otro.
Más que construir
La misión es transformar experiencias
Crear lugares donde las personas puedan sentirse vivas, acogidas y en paz. Ese es el verdadero poder de los espacios.
La arquitectura y el diseño interior humanizado es aquel que reconoce su capacidad de moldear no solo el espacio físico, sino la experiencia humana en su totalidad — cuerpo, mente, emoción y espíritu.
Que podamos diseñar con conciencia, sensibilidad y compromiso con el bienestar de todos los que habitarán los espacios que creamos.





